viernes, 4 de junio de 2010

Dos más una, ocho. (Aritmética no abstracta con números no racionales) - Angélica Santa Olaya

I

Eva amanece con los pezones despiertos como dos pequeñas nueces a flor de cáscara. Desde la pared, clavado con tachuelas, Adán y sus volátiles ojos de papel, la acechan. Los muslos, aún niños, se erizan al contacto de unos dedosotros que son suyos, los mismos que peinaron los plateados cabellos de una muñeca de ojos siempre abiertos. La piel de crisálida se abre al génesis. Adán, primer protagonista de la historia, desgrana el cuerpomazorca de Eva; sus labios sonríen inflamando los poros de la tierra. Una lengua de dos puntas asoma entre los blancos dientes...


II

¿Era mía esta piel?
¿Eran míos estos dedoslarva que buscan un refugio?
¿Soy yo un refugio?
¿Quién soy? ¿Cómo me llamo?


III

Aterciopeladas orugas se deslizan sobre los muslos de Eva, el aliento de Adán penetra los orificios que avizoran el olor de la manzana, tallos punzantes horadan la piel de Eva, una sanguijuela succiona la sangre escondida en su vientre. En el recinto de la savia un enjambre de abejas prepara la mielaguijón mientras Eva abre su pecho en una vulva de sangrantes labios. Los insectos zumban en la esfera esencial de la vetusta carne, su eco reverbera en las neuronas y golpea la bóveda craneal. Eva saborea planetas y teje sueños azules adornados con flores cósmicas. Beberse de un trago la vía láctea tiene un costo. Un día, los dedoslarva arrancan el corazón de Eva para que Adán se alimente. Una costilla es la ganancia, la menos necesaria, la más alejada de los latidos. La serpiente se relame los labios y emprende el vuelo.


IV

¿Desde cuándo soy una fruta?
¿Desde cuándo mi carne se desjuga en un abrazo?
¿Cuándo me fue dada esta libertad de besos?
¿Me fue dada? ¿Es esta la libertad?


V

Todo es verde, la casa, los sueños, el vaho de la luna... a Eva le brotan hojas en vez de cabellos, una semilla germina en su núcleo de sicómoro, su cabeza ondea con el soplo alado del ángel que repta sin complicaciones entre el cielo y la tierra. Adán la observa desde lo alto de una palmera y se pregunta si hay otras Evas. Afina el olfato y otea el horizonte en busca de nuevos aromas. El deseo estira sus tentáculos más allá del paraíso, Adán quiere tomar un autobús y llevar su mordida a otro edén; aquí la manzana sabe siempre igual. Eva ha olvidado su nombre, dice que se llama Adán, semilla de Adán, hijo de Adán, corazón de Adán, carcajada de Adán, pecado de Adán... A Eva no le importa el castigo porque tiene a Adán para consolarla. La serpiente escama los pies de Eva mientras Adán se exilia del paraíso...


VI

¿Dónde está Adán?
¿Cuándo se fue Adán?
¿Qué voy a hacer con estas frutas que chorrean por mi cuerpo?
¿Quién lamerá la enrojecida piel de mi manzana?


VII

A Eva se le secan las hojas de la primera mordida pero la savia ha colmado los cántaros del pecho asfixiando su corazón de arcilla. Alarga su tallo de manzana hacia el propio centro y busca la muñeca de los ojos siempre abiertos. El recuerdo de Adán es regado por la lluvia mineral de Eva, el líquido escurre por sus mejillas, por su cuello, por su vientre, se mezcla con el jugo de su sexo solitario, alimenta con sal las hambrientas raíces. Eva limpia de abrojos el paraíso y espera a Adán bajo la copa más frondosa. Ayer Adán, hoy Adán, mañana Adán, por siempre Adán, Adán en su cuerpo, en su mente, en su centro, en el dolor de su costado, en los graznidos de las aves, en la rotación de los planetas, en el reptar de alimañas que merodean su noche de entrecantos. La serpiente se aburre de observar a Eva arrancar hojas a las ramas y reanuda el juego. Hay un rumor detrás de la puerta. Eva se estremece, sabe que aceptar otra costilla es como decir que la luna es de queso. Sin embargo, perfuma el seno con jazmines y retira la maleza para abrir la puerta al sol y a la sombra que siempre lo acompaña.


VIII

¿Eres tú el mismo Adán o eres otro?
¿No tienes una costilla para mí?
No importa, yo soy la manzana y la casa de la semilla.
Dame tus manos, puedes morderme o partirme en dos. Renaceré.


Angélica Santa Olaya D. R. ©
México, D. F. mayo 2009

6 comentarios:

Ogui dijo...

Magnífico! Profundo y peligroso, como debe ser. Después de todo, la poesía sin peligro es pasado. Bien por la seleccionadora que dio la pista esencial

Javi dijo...

No recordaba que la Biblia (que nunca he leído, pero siempre llegan noticias...) lo contara así.
Excelente, Angélica.

LABERINTO ALADO dijo...

Gracias Javi y Ogui, me gusta que les guste...

antonio dijo...

!!Que linda historia¡¡ me encanta porque no es muy habitual contar una leyenda con ese toque abstracto que la convierte en original.
felicidades y gracias por compartir esta historia tan hermosa, besos. Tony

Armando dijo...

Excelente.

LABERINTO ALADO dijo...

Gracias Tony, Armando... Gracias por leer y comentar...

Angélica