miércoles, 31 de marzo de 2010

Transgresiones - Angélica Santa Olaya

Es preciso a veces
romperle las patas a la realidad
y navegar sin salvavidas
en el estómago de algún cetáceo.
Vibrar con la molécula
que deviene trozo de cantera
en el útero del mundo.

Beber la copa de hiel
fermentada en las células
de la propia humanidad.

Tal vez pueda entenderse
el vuelo de la mariposa
y su intempestivo crujir de alas.
No hay hechizo que transgreda
la alquimia de los colores rotos
por la ausencia de luz en un prisma.

Azul como las secreciones de la tierra
es el espectro donde duermen las cicatrices
que espigan la cáscara de los caminos.

Tomado de: http://alicialanecia.blogspot.com

2 comentarios:

TratoHecho.com dijo...

Es preciso a veces
romperle las patas a la realidad
y navegar sin salvavidas
en el estómago de algún cetáceo."

Me ha hecho pensar en un Jonás desengañado retornando a la panza de la ballena para reunirse con el silencio del ser, desengañado del falaz ornamento de la realidad y sus fala-facti-facias.

"Vibrar con la molécula
que deviene trozo de cantera
en el útero del mundo."

Me ha hecho pensar en un caos hecho cosmos por la pura intensidad de un estremecimiento (onanista) amoroso: deviniendo el todo de la nada por pura emoción.

"No hay hechizo que transgreda
la alquimia de los colores rotos
por la ausencia de luz en un prisma."

Sabias palabras que redimen el valor del vacío como crisol de realidades interiores. Ese sortilegio es el que nos anima a develarlo todo revelando nada.

"Azul como las secreciones de la tierra
es el espectro donde duermen las cicatrices
que espigan la cáscara de los caminos."

Me ha hecho pensar en la razón de la sinrazón de Yves klein, puesto que en efecto toda transgresión fracasa por que el único límite posible, ese que el cielo nos expone cotidianamente: un azul vacío que todo lo contiene, en un eterno sueño de nubes y estrellas en alquimia de sí.

Gracias Angélica

Ademir

LABERINTO ALADO dijo...

Gracias a ti, Ademir, por leer y navegar en el estómago de este poema.

Angélica.