domingo, 9 de septiembre de 2012

No disparen a los muertos – Guillermo Vidal

No escuchan,
se quedaran allí ignorando el frío,
y no aprecian la condición del naufrago.
¿Solo yo sé que las cosas muertas

duermen donde nadie puede despertarlas?
Sé, digo, no creo.
Es inútil intentar levantar el Titanic de su tumba
y que vuelva a navegar con su gloria perdida.
Nadie va a devolvernos más que los huesos,
incluso del día que terminó ayer.
Es imperativo buscar la costa,
alguna señal de un puerto,
mientras quede tiempo.
Pero nadie escucha en el bote de los náufragos.