lunes, 4 de agosto de 2014

Observador — Raquel Sequeiro

Las lejanas luces de una ciudad
Cualquiera
Enlodados los pasos entre
La niebla lejana
Donde nadie camina excepto
Los muertos que
De la tumba baldía
Han resucitado

Acuéstate paciente y fría
Desnúdate cerca del cadalso
La cabeza rueda encanecida
La peluca contraída de espanto

El pecho armonioso que cae
Sobre la madera

El niño que llora
La piel que reclamo
Huyendo a través del gentío
Que amo.