miércoles, 21 de marzo de 2012

Juguetes al viento - Héctor Ranea

Siempre el viento. No puedo dejar nada suelto. El viento o se lo lleva, lo rompe, lo eleva y luego lo estrella. El viento no me perdona dejar los cordones sueltos de ninguna antena. La desparrama con su carga, sus colores, sus luces. Siempre sopla el viento.
¿Qué son los recuerdos? Dolores en los tobillos, en las ancas, en la parte interna de las rodillas, en la boca. Dolores. Los dolores son recuerdos o son memorias. No hay una cara precisa, no un cuchillo marcado con la sangre que salió de esa herida. No hay pelos cortados por la mano eléctrica del torturador. No hay torturador. En el recuerdo no existe lo que se dice sino lo que está.
El viento. Siempre el viento. Y pensar que en el viento no sólo están las palabras que quisiéramos decir sino las que dijimos. Sobre todo, las que dijimos. Ésas de las que estamos arrepentidos de haber dicho y no podemos volver porque las llevó el viento al recuerdo de todos los demás. Y ahí volvemos a ser quienes no queremos ser.
Entonces se rebelan los juguetes. Ese avión, el arma torpemente azul, los camiones vulcanizados, la pintura descascarada de los trompos de metal, el olor peculiar del aceite quemándose en las lanchas en la plaza, el velero fallido y un caballo de madera que galopa aún allá, donde habitan los juguetes, los recuerdos.
Siempre el viento. Revuelve los juguetes. Revuelca los recuerdos. Ensucia quienes somos con quienes fuimos. Enchastra los juguetes con dolores pasados, presentes, sobre todo presentes, aunque los juguetes no deberían ensuciarse allá en el ático. En pleno querer ser lo que recordamos, el viento nos zarandea lo que somos mientras refleja en el agua moviéndose, las imágenes de lo que creímos haber sido. Cicatrices. Arma nuestras cicatrices. Somos nuestras cicatrices.
Juguetes en el ático. No tenemos juguetes en la mente. Somos los juguetes en la mente. Somos juguetes en nuestra mente. Somos juguetes de la mente.

2 comentarios:

Ada Inés dijo...

Somos los juguetes que construimos con nuestras cicatrices...
Excelente, Héctor Ranea
Ada Inés Lerner

Ogui dijo...

¡Gracias, Ada Inés!