viernes, 30 de diciembre de 2011

Ausente - Fernando Andrés Puga

Damián no conoce mi nombre
ni mi mirada mínima y sin mal

Damián merodea
me rodea
muerde almendras que penden en mis sienes
manda
miente
menea el abanico con cara de inocente

Damián se enamora de la música que mece las espigas en mi mente
se disipa indiferente entre los pliegues

Damián merecía mejor suerte:
vivir
o acaso ser vigía en el umbral de la muerte

2 comentarios:

MUCHITA dijo...

Muy buen poema aunque se viste de tristeza.

Besos mil.

d'Oliveira dijo...

Siempre el amor con su dolor implícito, Puga. Pero usted ya ha descubierto la llave: la presencia está en la permanencia.
Tan bello poema para tanta pena.
Oscar d'Oliveira, Tucumán